El Ayuntamiento de Madrid comunicó a mediados de octubre su intención de sacar en breve a concurso las obras de remodelación de la Gran Vía madrileña. Sin embargo la reciente intervención de las cuentas del Ayuntamiento de Madrid por parte del Ministerio de Hacienda puede suponer que el Ayuntamiento deba renunciar, al menos temporalmente, a las grandes obras públicas previstas para culminar la legislatura de Manuela Carmena. Entre los proyectos estrella que debían materializarse antes de la primavera de 2019 destacan la remodelación de Gran Vía, la nueva Plaza de España o el proyecto Madrid Nuevo Norte, la antigua Operación Chamartín.
Ahora, la intervención de las cuentas municipales para que el consistorio ajuste el gasto implica que la anunciada licitación de las obras de la Gran Vía quede de momento en «stand by».
Precisamente, la remodelación de la Gran Via era uno de los proyectos estrella de la coalición «Ahora Madrid» que gobierna en el Ayuntamiento. Esta intervención se enmarcaba dentro del plan de mejora de la calidad del aire, que tiene como objetivo reducir los elevados niveles de contaminación del centro de la ciudad, respecto a los cuales la UE ha amenazado en repetidas ocasiones con posibles sanciones. Para resolver este problema el gobierno municipal ya ha puesto un marcha diversas actuaciones como el cierre al tráfico de no residentes del centro de Madrid, así como la reducción de la velocidad en la M-30 y sus accesos desde la M-40.
El presupuesto de licitación de las obras de peatonalización de la Gran Vía iba a ser de 9 millones de euros -inicialmente el consistorio había apuntado que sería de 5 millones-. Aunque no se había indicado la fecha exacta, los trabajos debían iniciarse en un plazo de 2 o 3 meses con un periodo de ejecución de 13 meses, por lo que debían estar listos durante la primavera de 2019, justo en plena campaña electoral para las elecciones municipales.
Impacto sobre el comercio de la Gran Vía
La reforma de la Gran Vía tomó cuerpo tras la celebración de la consulta ciudadana sobre esta cuestión que se celebró a principios de 2017 y en la que la mayoría de los participantes se pronunciaron a favor de ensanchar las aceras y reducir los carriles de tráfico rodado.
De llevarse a cabo, los efectos de la remodelación de la calle respecto a los comercios y restaurantes de la zona se verán a largo plazo. De todos modos, la experiencia de peatonalización implementada durante la campaña de navidad de 2016 no fue muy bien valorada por los comerciantes de la Gran Vía, que consideraron que las dificultades de acceso mediante vehículo privado provocó que parte de sus clientes habituales durante esas fechas se desplazasen a otras zonas comerciales de la ciudad. A pesar de esta experiencia puntual, la peatonalización permamente de determinadas calles de Madrid ha traido beneficios a medio plazo sobre el comercio de la zona, que ha visto aumentar paulatinamente la afluencia de público.
En esta línea, la remodelación de la Gran Via iba a suponer su semi-peatonalizacion, ensanchando sus aceras y dotándolas de arbolado, y pasando de los seis carriles actuales a cuatro carriles para el tráfico rodado, dos en cada sentido, uno para el transporte público y otro para los residentes.
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