La reforma integral de Via Laietana que vecinos y comerciantes de la zona llevan años reclamando tendrá que esperar. Por el momento, el Ayuntamiento de Barcelona apuesta por una Intervención puntual y aparca temporalmente los planes de reforma profunda de esta calle.
Una intención que ha caído como un jarro de agua fría en el barrio y especialmente entre los miembros de la Associació de Veïns i Comerciants de la Via Laietana, que reivindican soluciones a los problemas de tráfico y contaminación de este eje viario. Sin ir más lejos, hace poco más de un año más de cien entidades firmaron un manifiesto en el que pedían que el Ayuntamiento de Barcelona acelerara la reforma de este eje para convertirla en una calle más amable, sostenible y transitable a pie, que dejara de dividir Ciutat Vella en dos.
La actuación anunciada por el Ayuntamiento de Barcelona a principios de mayo costará 2 millones de euros y prevé intervenciones puntuales de carácter paliativo como la eliminación de la semi-rotonda en la plaza Antoni Maura a la altura de la catedral, la ampliación de algunas aceras, la apertura de nuevos caminos escolares y la creación de más pasos para peatones. Unas actuaciones que quedan lejos de las reivindicaciones vecinales que exigen la reducción considerable del tráfico rodado, la ampliación de todas las aceras y la supresión de carriles si es necesario y la dinamización del comercio en esta vía.
Al mismo tiempo que se realizan estas obras menores, también está previsto llevar a cabo algunas iniciativas más efectistas que funcionales, como son la instalación de plafones informativos ante la Comisaria de Policía Nacional para informar de que en aquel edificio se habían producido torturas o la retirada de la estatua de Antonio López López -empresario, banquero y también esclavista- en la Plaza del mismo nombre al final de la calle, cuyo nombre también se cambiará.
Una calle con una problemática específica.
La construcción de la Via Laietana a principios del siglo XX como vía de comunicación entre el nuevo distrito del Eixample y el frente marítimo, comportó la destrucción o traslado de casi 2.200 casas y palacios medievales, algunos de gran valor. Una vez acabadas las obras, el distrito de Ciutat Vella quedó irremediablemente partido en dos, al tiempo que esta vía se consolidaba como un eje de conexión directa entre el Eixample y el Port Vell. Consecuencia de ello, es un exceso de tráfico rodado, lo cual comporta unos niveles elevados de contaminación atmosférica y acústica, que los vecinos piden corregir.
Se trata además de una calle con aceras muy estrechas, por la que circulan muchos peatones, una gran parte de ellos turistas que se dirigen a los diferentes puntos de interés que hay a ambos lados de la calle, como la Catedral, el Mercado de Santa Caterina, la plaça de Sant Jaume o el Born. Por ello, vecinos y comerciantes reclaman un proyecto estratégico que convierta esta vía en un eje cívico y comercial. Y esto pasa, según su criterio, por reducir carriles, ampliar las aceras y poner en marcha un plan para dinamizar el comercio de la zona.
Medidas que, por el momento, tendrán que esperar. La remodelación integral de la Via Laietana que el Ayuntamiento había prometido llevar a cabo durante el presente mandato no se retomará hasta pasadas las próximas elecciones. En este sentido la concejala del Distrito, Gala Pin, ha asegurado que antes de 2019 se convocará un proceso participativo para elaborar el proyecto ejecutivo de la obra, para la que se prevé una inversión de 20 millones de euros, como ya se ha hecho con la Rambla de Barcelona.










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