Los trabajos de remodelación del mercado han durado 9 años y han costado unos 80 millones de euros.
El barrio de Sant Antoni ha mudado de piel. Tras prácticamente una década en obras, esta semana ha abierto finalmente sus puertas el ya remodelado mercado, icónico epicentro de la vida de este barrio barcelonés. La ambiciosa intervención ha costado unos 80 millones de euros y ha transformado todo un barrio.
Tres mercados en uno -alimentación en el centro, encantes junto a las fachadas interiores y dominical de libros en el exterior-, cinco plantas -cuatro de ellas subterráneas-, vestigios arqueológicos de las épocas romana y medieval y una gran área peatonal que rodea esta joya arquitectónica construida a finales del siglo XIX. La faraónica remodelación del mercado de Sant Antoni es todo esto y más, ya que ha supuesto la reurbanización y cambio de fisionomía de toda la zona contigua.
Tres mercados en un mismo edificio rodeado de historia
En total, cerca de 80 millones de euros y casi 10 años de trabajo han sido necesarios para devolver al barrio este equipamiento con nuevos usos. El nuevo mercado dispone de una superficie total construida de 53.388 metros cuadrados distribuidos en cinco plantas. En la planta a nivel de calle se encuentra el espacio de mercado propiamente dicho.
La cincuentena de paradas que venden producto fresco -frutas y verduras, carne, embutidos, pescado, huevos, conservas o platos cocinados- ocupan las filas centrales, mientras que el centenar de paradas que no venden productos de alimentación -mercerías, zapaterías, moda y accesorios- se han ubicado en las filas exteriores, tocando a las diferentes fachadas. En el interior del mercado también se han abierto tres bares restaurante, cerca de las puertas de acceso de la calle Manso. Los domingos, el espacio exterior del mercado continua acogiendo las paradas de venta de libros, discos o películas.
Por su parte, los cuatro niveles subterráneos albergan un supermercado Lidl, un futuro gimnsasio Duet Fit y un espacio vecinal de 500 m2 (Planta -1) . El resto de plantas se han dedicado a parking y zonas de carga y descarga.
Durante los trabajos de reforma proyectados por el estudio Taller de Arquitectura Ravetllat-Ribas salieron a la luz restos arqueológicos de la época romana y la muralla y contramuralla medievales, visibles desde la planta -1. Está previsto que más adelante se habilite un espacio museístico en este nivel en el que se exhibirán piezas arqueológicas localizadas durante las obras de remodelación.
El mercado como eje de una nueva supermanzana
La intervención en el barrio de Sant Antoni ha ido más allá de la mera reforma del mercado. El Ayuntamiento ha aprovechado los trabajos para crear una nueva supermanzana peatonal entorno a esta equipamiento. La primera fase que prevé intervenciones en las calles Comte Borrell, entre Floridablanca y Manso, y Tamarit, de Viladomat a Urgell, ya está en marcha. El proyecto se completará el próximo año en una segunda fase con obras de peatonalización también en las calles Comte de Borrell, entre Gran Via y Floridablanca, y Tamarit, de Viladomat a Calàbria.
La implantación progresiva de supermanzanas que promueve el gobierno municipal de Ada Colau prevén la construcción de una plataforma única con zonas verdes y áreas de descanso en la que el peatón tenga la máxima prioridad por encima del trafico rodado y las bicicletas.
El impacto de esta medida, añadida al interés que despierta el nuevo mercado, se ha traducido en un creciente interés por vivir o abrir un negocio en el barrio. A la nueva cara que lucirá el barrio cabe sumar su céntrica ubicación. Sant Antoni es la puerta de entrada a Ciutat Vella y al Poble Sec donde estos últimos años se han abierto algunos de los bares más hipsters de la ciudad y restaurantes liderados por chefs de renombre. La demanda de pisos de alquiler o compra en el barrio va en aumento, liderada en buena parte por clientes extranjeros. Según fuentes del propio Ayuntamiento, el precio medio de venta de un piso de segunda mano en la zona ha pasado de los 2.900€/m² de 2013 a los 4.600€ de 2017.
Respecto al tejido comercial del barrio, el gobierno municipal decretó el pasado año una moratoria a la concesión de licencias de actividad. El nuevo Plan de Usos de Sant Antoni que se está ultimando limitará la apertura de restaurantes, bares, tiendas con espacios de degustación, autoservicios, locales musicales o tiendas de alquiler de bicicletas. “Es evidente que la demanda para abrir un negocio o invertir en un local en Sant Antoni ha ido en aumento estos últimos años. Pero no existe un nivel de saturación de bares y restaurantes tan elevado como para justificar una moratoria como la actual o un plan de usos como el que se está perfilando” señalan desde el departamento de locales comerciales de Busquets Gálvez. A pesar de este impasse, el precio de los locales bien situados y con licencia tanto de venta como de alquiler se ha revalorizado considerablemente en los últimos cinco años. Y es probable que lo siga haciendo una vez el mercado recién reformado ha abierto sus puertas.








