El sector empieza a mover ficha en España a la espera de que algunos ayuntamientos clarifiquen la regulación de este nuevo concepto, que comparte algunas similitudes con las residencias de estudiantes.
Ante la escasez de vivienda de alquiler disponible para los profesionales que llegaban a Silicon Valley (EEUU) para trabajar en las grandes empresas tecnológicas y start-ups de la Bahía de San Francisco, el sector inmobiliario respondió con la creación de un nuevo concepto residencial que mezclase flexibilidad, servicios y comunidad. Así nacía el co-living, un modelo que desde EEUU se ha ido extendiendo a otros países, principalmente anglosajones y que ya empieza a tomar cuerpo en España. A nivel global, la británica The Collective se ha posicionado como una de las empresas de co-living más importantes con 3 activos -2 en Londres y 1 en Nueva York-, seguida de We Live -parte del gigante del co-working We Work y que cuenta con dos centros en
Nueva York y Washington- y la alemana Quarters que ha anunciado un ambicioso plan de expansión en Europa y EEUU.
Este nuevo modelo, a medio camino entre el piso compartido y la residencia de estudiantes, se perfila como respuesta a la falta de vivienda de alquiler en determinadas ciudades como Madrid o Barcelona. La implantación de empresas ligadas al sector TIC y, por tanto, de profesionales cualificados que llegan para cubrir los puestos de trabajo que se generan, está tensionando el mercado residencial. Sin ir más lejos, en Barcelona se estima que el 22@ recibe una media de 5.000 nuevos trabajadores al año. Ahora, la nueva fase de desarrollo de la zona norte del 22@ supondrá la reurbanización de una superficie de 100.000 m2 de suelo, destinados mayoritariamente a oficinas. Por tanto, la presión sobre el mercado barcelonés de la vivienda, principalmente de alquiler, va a ser cada vez mayor.
Ante este reto que supondrá acoger a un número creciente de trabajadores en los distritos de negocio de grandes ciudades, el sector apunta al co-living como válvula de escape. Precisamente, este modelo empresarial se dirige a un cliente específico: profesional cualificado, “single” y menor de 40 años. Un porcentaje considerable de los usuarios del coliving son extranjeros que llegan para trabajar por un tiempo determinado.
Por ello, valoran la conveniencia y flexibilidad que les ofrece este modelo de alojamiento en el que la estancia mínima es de un mes y no incurren en gastos y gestiones iniciales. Además, tienen la oportunidad de socializar desde el primer día e integrarse en una comunidad de residentes, a la vez que comparten espacios comunes como cocina, gimnasio, trasteros, salas de trabajo y de juego, cine o terraza con zona chill out y barbacoa; servicios de limpieza, actividades o cursos. Por todo ello, están dispuestos a pagar más de lo que les costaría el alquiler de una habitación en un piso
compartido. Actualmente, los precios en un centro de co-living oscilan entre los 750€ mensuales por una habitación sencilla con baño a los 1.200 por una habitación más amplia.
Demanda fuerte y rentabilidad interesantes
Desde el Departamento de Inversión de Busquets Gálvez, se apunta al creciente interés de los fondos por invertir en este modelo de negocio. En primer lugar, porque lo perciben como una apuesta de futuro. En segundo lugar, porque ofrece una rentabilidad interesante comparado con otros activos residenciales.
Fondos patrimonialistas, inversores y empresas especializadas en la gestión de co-livings empiezan a hacer tándem para ampliar la oferta en grandes ciudades como Madrid, donde las autoridades locales se muestran receptivas a este modelo de alojamiento. La francesa Urban Campus lleva la delantera con dos centros ya operativos en la capital española, en los barrios de Chamberí y Malasaña. Pronto abrirá en Bruselas y Paris, mientras continua su expansión por diversas ciudades españolas. Otras se preparan para irrumpir en el mercado madrileño. The Coliving Company, filial de la inversora Onys 22, la gestora de patrimonio familiar inmobiliario Mazabi o el fondo luxemburgués Corestate son algunos de los nuevos actores que empiezan a tomar posiciones en la capital.
Como ya ha ocurrido en el segmento del coworking, todo apunta a que la oferta de coliving se irá especializando en estilos de vida e intereses de sus residentes. Según indican desde el Departamento de Inversión de Busquets Gálvez, es muy probable que se empiecen a abrir co-livings temáticos que atraigan a un tipo de clientes determinado. Emprendedores tecnológicos, artistas y diseñadores, ejecutivos o sencillamente profesionales con preferencias concretas que pueden ser desde el vegetarianismo a la práctica de ciertos deportes.
Barcelona, todavía en el limbo
Por el momento, Barcelona no se sube al carro del co-living. La falta de un marco regulatorio claro para esta tipología de activos residenciales genera incertidumbre entre los inversores potenciales que, sin embargo, consideran Barcelona como uno de los mercados más atractivos para el co-living. En la capital catalana, ahora únicamente funcionan pequeñas empresas especializadas en el alquiler de habitaciones en apartamentos compartidos. Inedit es una de ellas. Cuenta con varios pisos distribuidos por Gracia, el Eixample y Sant Gervasi en los que se alquilan habitaciones individuales o compartidas con otros residentes, cuyos precios oscilan entre los 370€ y los 850€ al mes. Los inversores institucionales que quieren destinar edificios enteros en Barcelona a co-living están a la espera de que el Ayuntamiento aclare cuáles son las reglas del juego y apruebe una normativa específica para este tipo de actividad.
El modelo a seguir, sin duda es el que ha desarrollado The Collective en Reino Unido o We Live en EEUU. El primero es el más importante por tamaño y servicios. El segundo aprovecha su posición preminente en el mercado del co-working para explorar este nuevo segmento de mercado. Ambos comparten la filosofía de ofrecer un servicio flexible, en el que prima la conveniencia y es cada vez más experiencial y enfocado al ocio y las relaciones sociales.









