Oporto empieza a desplegar todo su potencial y se confirma como una de las ciudades del sur de Europa más atractivas para la inversión.
En los últimos años la región del norte de Portugal ha registrado un crecimiento de casi el 5% del PIB, una cifra que está por encima de la media europea y revela el enorme dinamismo económico de la zona. A la cabeza de esta progresión, está la ciudad de Oporto. La capital del norte del país se está consolidando como un polo cultural y del conocimiento, que gracias a la filosofía “business friendly” de las autoridades locales, florece y atrae inversiones principalmente extranjeras. El turismo se encarga de completar esta ecuación que explica el despegue de Oporto y su cada vez mayor relevancia en el mapa inversor internacional.
Para explicar el creciente atractivo de esta ciudad hay que fijarse en dos factores básicos. Por un lado, la calidad de vida que se respira en la ciudad y la riqueza patrimonial que atraen cada año a una cifra mayor de turistas y también a nuevos residentes. Por otro, la apuesta por la innovación y la industria del conocimiento y el apoyo a sectores claves a través de alianzas entre el sector público y privado que están generando un clima propicio a la creación de start-ups y empresas punteras.
El turismo, mot
or de la inversión hotelera y en locales comerciales
Sin duda, Oporto es conocida por su rico patrimonio arquitectónico -el centro histórico fue declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO-, su gastronomía y sus vinos. Pero la atmósfera algo decadente de la ciudad esconde una vibrante vida cultural y artística, con barrios como el Bombarda, dedicados a la creación y el diseño. Si a esto se añade la presencia de una importante comunidad universitaria -la Universidad de Oporto está considerada una de las mejores del país- la efervescencia cultural de la ciudad está garantizada.
Esta interesante combinación entre tradición y modernidad está contribuyendo a aumentar el tirón de Oporto como destino turístico europeo. Hoy, la capital del norte de Portugal, con cerca de 215.000 habitantes, recibe cerca de 1,6 millones de visitantes al año. Y para satisfacer la creciente demanda turística, el sector inmobiliario está resultando clave al sacar al mercado una mayor oferta de plazas hoteleras. En los últimos años, inversores, principalmente extranjeros, han ido comprando edificios vacíos en el casco histórico para rehabilitarlos y convertirlos en hoteles o apartamentos. Para favorecer este proceso de regeneración urbana y asegurar la inversión extranjera, las autoridades públicas han aprobado diversos mecanismos como la aplicación de un tipo de IVA reducido y otras rebajas fiscales o la agilización de trámites administrativos en la concesión de licencias de obras.
Paralelamente a la apertura de hoteles y hostels, las calles del centro acogen nuevos cafés, restaurantes y tiendas que conviven con establecimientos de toda la vida. Por su parte, el Ayuntamiento de Oporto también aporta su grano de arena en la revitalización de la actividad comercial del centro con proyectos como la reforma del mercado de Bolhao, el más importante de la ciudad y que está previsto que, una vez concluyan las obras, además de las tradicionales paradas, acoja restaurantes, cafés y áreas destinadas a exposiciones y conciertos. Este contexto de dinamismo del sector comercial y de la restauración -gracias a la llegada de más turistas, pero también a la recuperación del consumo interno- está captando el interés inversor por la compra de locales comerciales en el centro.
La apuesta por la innovación y el sector tecnológico activan el segmento de oficinas
Además del sector turístico, la economía portuense continúa basándose en la industria tradicional, al tiempo que cada vez gana más peso el sector TIC. En línea con la estrategia política marcada por el gobierno portugués, Oporto ha puesto la alfombra roja a las empresas de corte tecnológico e innovador. En este sentido, junto a beneficios fiscales por la creación de puestos de trabajo, las autoridades locales por su parte han impulsado una alianza entre el mundo universitario y el sector empresarial para promover la investigación y la puesta en marcha de proyectos innovadores. Muestra de esta apuesta pública por el sector del conocimiento es el proyecto de convertir el antiguo matadero de la ciudad en un clúster para empresas tecnológicas y creativas.
Además de este ecosistema propicio a la creación de empresas, Oporto cuenta con una fuerza laboral cualificada -gracias a las universidades locales- y con un buen nivel de idiomas, al tiempo que los salarios son relativamente bajos. Atomico, la compañía británica especializada en inversiones tecnológicas sitúa ya a Oporto como uno de los hubs tecnológicos con un crecimiento más rápido en Europa. La mayor presencia de empresas genera una demanda de nuevos espacios de oficinas. Por ello, este segmento de mercado también representa una oportunidad de inversión en la que empiezan a fijarse los fondos.
A este contexto de dinamismo económico y apoyo institucional, cabe sumar la aprobación a principios de año del régimen de Sociedades de Investimento e Gestao Imobiliària (SIGI) -similar a la SOCIMI española- con el fin de estimular las inversiones inmobiliarias en el país luso. Las medidas adoptadas en los últimos años, demuestran que Portugal apuesta por este modelo de crecimiento a largo plazo y Oporto, sin duda ha tomado la delantera.
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